tucumán, una etimología (I)

Con esta etimología que se remonta al año 1745, damos comienzo a una sección que recopila algunos intentos de explicar el origen de la palabra Tucumán.

Valles Calchaquíes, 1973, Antonio Osorio Luque.

Es bien sabido que la etimología, al informar de los orígenes, de los significados antiguos, da la impresión de ofrecer una verdad oculta en los pliegues de la palabra; proviene de ese hecho el placer engañoso que provee. ¿Qué significa «Tucumán»? Domingo Bravo arrojó los resultados de su pesquisa en un libro publicado por la Universidad Nacional de Santiago del Estero en 1983. De ese título extraemos el siguiente texto, tomado a su vez por Bravo del Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, del misionero jesuita Pedro Lozano (1697–1752).

El nombre de Tucumán que tiene la provincia, quieren algunos derivarle de la lengua quichoa, general del Perú, como viniéndole de dos dicciones “tucui”, todo y “mana”, que es negación, como si dijesen “toda esa provincia es nada”, y se adelantan a decir que se le quedó impuesto desde que enviados algunos caciques por el Inga a explorar esta tierra, como en lo más de ella no hallaron metales, volvieron diciendo que toda ella no tenía cosa de consideración. Otros coinciden en el mismo motivo, aunque por diferente ocasión, porque aseguran que preguntando los primeros españoles que entraron con Pizarro al Cuzco a algunos indios que habían estado en las provincias de Tucumán, si había en ellas plata respondieron que no, “manam”; ¿Si oro?, “manam”; ¿Si perlas o piedras preciosas?, “manam”. De cuyas respuestas negativas, enfadados los españoles, decían “Tucui maná”, y de aquí dicen se originó el nombre de dicha provincia. Otros, finalmente, asentando por cierta la venida de los exploradores del Inga a estas regiones, afirman que informándose de ellas, a la vuelta, ¿si había mucha gente en ellas?, les respondieron que “tucuiman”, por decirles que hacia todas partes había indios, como si a un dado caso que dichos exploradores hubieran dado esta respuesta y penetrando todas estas tierras de gente enemiga, hubieran de ignorar tanto su lengua de Cuzco, que, por decir, “hacia todas partes” se explicasen con el “tucuiman”, que es un desatino, en vez de “tucui” que es la expresión genuina y propia. Pero lo que así discurren, ignoran, sin duda, que nunca fueron señores los Ingas de esta provincia, sino de sus extremos que miran al Perú. 

[…] 

El nombre, pues, de Tucumán se tomó de un cacique muy poderoso del valle de Calchaquí, llamado “Tucma”, en cuyo pueblo, que se decía “Tucmanahaho” (nombre compuesto de dicho cacique), y de “ahaho” que es lengua kakana, propia de los calchaquíes, quiere decir “pueblo”.