la compartidora de aguas

Una nueva entrada a nuestra Breve antología de poesía tucumana; esta vez con poemas de Inés Aráoz.*

Por Sofía de la Vega**

¿Qué puedo decir de Inés que no haya dicho hasta ahora? Muchas cosas en realidad: los domingos —al menos antes de la pandemia— se juntaba con todos sus hermanos, tuvo una perrita pekinés llamada “Ojota”, a veces viaja a lugares que quedan muy lejos pero lo hace sólo por diez días porque dice que si no viajar no es un sueño, y, entre tantas cosas que sigo descubriendo de Inés, me di cuenta de que es una poeta de la comunidad.

Cuando uno piensa en un escritor, sobre todo un poeta, el yo, esa máquina artificial parece golpearnos en los textos una y otra vez, y por supuesto, no tiene nada de malo, ¿cómo no amar a Alejandra Pizarnik? Pero Inés apuesta por otra cosa, distinta, ella no está debajo como Alejandra, ni anuncia su propia muerte como Olga Orozco. Inés es habitada, en ella viven comunidades de hombres, mujeres, plantas, animales, piedras. Es muy difícil encontrar un poema donde la sola presencia de Inés gobierne el poema porque ella se comparte, es generosa y quiere estar con otros. Ya sabemos que para Inés el poeta “es el compartidor de aguas”. Imagen que hace un tiempo me remitía a Moisés abriendo el Mar Rojo para que el pueblo judío continuase su camino. Después eso cambió, ya que pensé que dividía lo animal de lo humano e Inés nunca separa esas esferas. Cuando el poeta comparte aguas, lo comparte con todo lo que eso conlleva.

En sus poemas de amor, donde quizás esperemos ver las características odiosas o egoístas del romance, celos y traiciones que Safo tempranamente nos hizo conocer, Inés se disuelve. El amor para ella es la pura entrega, es estar dentro del otro: Lo que quise saber de ti/No estaba ya en ti /Estaba en mí”. Echazón (2008) es uno de los libros más importantes de Inés Aráoz, quizás el que más se refiere al amor romántico. A su vez, contiene un poema homónimo que habla de una relación sentimental y sexual, que en su momento antes de su publicación en forma de libro fue censurado por el diario La Gaceta. Pero volviendo al poema propiamente dicho, ¿qué es echazón? Es arrojar al agua la carga de un buque, para aligerar el peso y salir del peligro. Esta acción no sólo está presente en la mirada de Inés frente al amor de pareja sino que es la construcción de su sujeto imaginario. Inés todo el tiempo aligera su yo, le quita grandilocuencia, no está agazapado esperando demostrar su lugar en el mundo. La voz de Inés corre y es pequeña, es una niña que quiere “echar un galope tendido, a campo traviesa/Saltar cercos, una y otra vez /Cruzar los ríos”.

Tucumán, el centro de esta comunidad poética, muy pocas veces es nombrado pero sabemos que Inés habla desde ahí. La construcción del paisaje “amontonado”, los murciélagos que custodian los poemas, la ceniza negra que nos invade y cierta celebración de vida que todo el tiempo está presente en Inés. No reniega de su lugar de origen, quizás lo distorsiona y reconstruye la comunidad en la que siempre quiso vivir.

Inés fue criada con muchos hermanos y pasó largas temporadas en el campo, acaso eso dio lugar a la mirada comunitaria que no sólo aplica a su poesía sino también a su vida. Ya en otras ocasiones describí su casa, un largo pasillo lleno de plantas selváticas donde galgos “custodian” grácilmente la entrada, mientras atrás una jaula magnífica, enorme, es habitada por papagayos. Todo conforma un ecosistema perfecto. La casa de Inés es chiquita y modesta, llena de recuerdos y objetos. La última vez que la visité me dijo que las casas para ella siempre tienen que ser pequeñas y el jardín debe ocupar más espacio como si la casa fuera un elemento más del paisaje. De la misma manera Inés escribe, no se impone sobre el paisaje, sobre el otro, sino que se funde en él.

.

Poemas

I
Ha caído el telón. Todo está preparado para la quietud. Voces de pájaros, dondequiera; olor a murciélagos.
La travesía ha comenzado en el seno del universo. Porque esto, seguramente, es anterior a nuestra infancia. Y cuando el huevo reviente, cerraremos los ojos.
Quién avisará, llegado el momento?

(De Ciudades)

.

El paso del Familiar

Hacía rato que caían, zarandeadas por el viento, las escamas negras del azúcar. Los que barrían llevaban puestas sus miradas torvas y cada tanto, al mirar el cielo, hacían ademán de vendarse los ojos. Abejas celestes que atacaban y enceguecían a quien las miraba era para ellos entonces el cielo.
Balanceando el peso de las enormes chimeneas sobre sus cuatro patas, el gigante Tucumán se desplazaba con cautela por la ciudad nueva, ultramoderna.

(De Las historias de Ría)

.

Poema

Me gusta saber que están
Esas personas
Con quienes
Alguna vez
Necesité alternar
No más
Me basta
Oír sus voces
A la distancia
Y yo en un punto central Inamovible
Esto es así por haber renunciado
A las riquezas del padre
Y de la madre
Esto es
Al movimiento del mundo
Para escuchar mejor
Para ver
Para poder ver
Presunción en fin
Esto es un árbol
Fue mi comprensión primera
El modelo de alegría
Que he buscado
Nunca más
O tal vez sí
Un ojo interno
Rodando por el pasto
El amor
Fue la providencia
Que no esperaba
Lo terrible
Lo rasgado del cielo
La extranjería
Lo más próximo a la muerte
Era música el amor
Era un río pasmoso
Y me desvelé
Nadie más que yo lo sabe
Y lo supe
Por un instante

(De Echazón y otros poemas)

.


No aminora el tren la marcha
a Isidora Aráoz

Estaban quietos los cielos
En Yacanto
Al parecer moría, no lo sé
Mi hermano, el más pequeño
Los membrillos no habían madurado aún
Y en sus verdes huevos seguía guardada la cría del tero
Un cierto tinte rojo allá
Atrás, en la montaña
No lo he visto yo morir
Más que otros días
Al señalar alguna de esas florcitas tibias
Silvestres
Que esplenden en las lomadas
Esto me da paz —decía
Me hubiera gustado esa tarde
Echar un galope tendido, a campo traviesa
Saltar cercos, una y otra vez
Cruzar los ríos
En mi yegua baya
Correr, correr hacia los oradores de la montaña

(De Pero la piedra es piedra)

.

Pensando en la poesía

¡Corra, pequeña, corra!
Usted tiene que correr
Usted es el caballo que mis textos avizoran
Es la infancia
Las visiones
Son las hebras desplegadas de sus crines
Las briznas de las cañas
Volanderas
El vórtice de polvo de ceniza
Ascendiendo por los vientos cada agosto
La he visto ya correr
Como un río bautismal en la extensa Rus
Su nombre era Dnipró
La he visto en el desierto, correr en el desierto Con toda su potencia
Sin apenas tocar la arena
¡Los cascos en el aire!
Usted es el caballo construido Con partículas de luz
El de increíble brillo
El que me conducirá como espuma blanca
A la otra orilla
La monta dorada de los khanes Ancestros de la Ajmátova
Usted tiene que correr
Por una cuestión de densidad Flamígero punto del poema
Es eso pequeñita, si no corriera usted
El principio sería el fin

Usted es la frente de plata de mi padre
Usted es mi madre, la música, el canto
Usted es esta lonja extendida de camino
Los ancestros españoles en la selva
El nativo que da guerra, los altos mocovíes
De la senda Macomita
El industrioso, el artesano, los jesuitas
Las fronteras, la baguala, el birimbao

Es el caballo diseñado para rozar apenas
La montaña con su cola

Usted es el arquero ciego
El impecable guerrero
El hermano que no es hermano
El que es fiel
El que no lo es
Usted es el fulgor que separa
El encendido verbo de mi amor a Dios

No quiero deberle nada
Todo he de decir
Y será nada

No es poeta el que escribe mucho
Ni el que escribe bien
Poeta es el compartidor de aguas
Es el transido
El que recibe las descargas
Campo minado es la poesía
De máxima tensión
Corra usted, pequeña, corra usted en los poetas
¡Sea la luz en el correr!

(De Pero la piedra es piedra)

.

Principio de los tiempos

Lo que quise saber de ti
No estaba ya en ti
Estaba en mí
Cuando tu arco se tensó

Y desde tus ojos te miraba
En mí, samurai
Y desde mi centro
Partimos juntos en la flecha
Al vacío infinito

(De Haré del silencio mi corona)

.

José Watanabe

Hermanos somos en la piedra, José
Y tu mismo nombre Watanabe
Paréceme una piedra
De lomo redondeado y gris
Y dibujada con una curva
Línea clara de aguas de río
Te llegaste a mí de la mano
De un poeta
Y te miré largamente
Largamente
Como si hubiésemos estado solos
Entre las piedras, muy alto
Por encima de las nubes
Y ni unas florcitas violetas
Hubieran emergido a nuestros pies
Y ni un confianzudo pajarillo
A cortos saltos
Se nos hubiera acercado

(De Agüita)

.

Punto de luz

Te sales de la memoria
Y hay un punto de luz
La luna cruza sus haces
Y caen palabras-partículas
Flotantes
Guerra, amor, campos dorados
Ah pero qué son esas palabras
En los pastos altos
Mecidos por la luz
Y yo lucho (¿yo?)
Es la memoria
O es la luz
Y esa palabra guerra
¿Sería acaso un canto de amor?
Ah es bella sí la luna
Decirlo así, con simplicidad
Un run-run de silencio

Llena, llena de luz la luna
Para salir de la memoria

Mi cuerpo es también luna

(De Notas, bocetos y fotogramas)

.

Precioso libro de agua

Tan esperado como un amante
Y le digo amante
Al amado
Que llega, sí, y se enseñorea
De esos efímeros instantes
En que uno escribe
Con la emoción
En la mano

Libro que sostengo
Y que no he leído
Aún
El verbo, el angélico
De los comienzos
El de la madre
Que sella, por empezar
El coraje
De avanzar a cortos pasos
Sobre la hierba que imperceptiblemente
Crece

(De Notas, bocetos y fotogramas)

.

DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT
DYLAN THOMAS

Versión de Inés Aráoz
a Nicolás Aráoz (para su obra de teatro: En las aguas de Nut)

No entres gentilmente en esa buena noche
Arder y delirar debería la vejez al declinar el día
Enfierécete contra la luz en su agonía

Aún cuando los sabios sepan, al final, que es un bien la oscuridad
Porque no anidó la luz en sus palabras
No entran gentilmente en esa buena noche

Hombres buenos, la última ola ya llegada, llorando
El esplendor de sus hazañas, danzaran ellas en el verdor de la bahía
Enfierécense contra la luz en su agonía

Hombres fieros que cazaron el sol al vuelo y le cantaron
Y muy tarde aprenden que su travesía agraviaron
No entran gentilmente en esa buena noche

Hombres graves que, al morir, ven deslumbrados
Que sus ojos ciegos podrían destellar alegría como meteoros
Enfierécense contra la luz en su agonía

Y tú, mi padre, allí, en lo alto
Maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas fieras
No entres gentilmente en esa noche buena
Enfierécete contra la luz en su agonía

(De Al final del muelle)

.

______________

*Inés Aráoz nació en San Miguel de Tucumán en 1945. Estudió Música, Lengua y Literatura Inglesa, Lutheria y Lengua Rusa. Publicó los siguientes libros: La Ecuación y la Gracia (1971), Ciudades (1981), Mikrokosmos (1985), Los Intersticiales (1986), Ría (1988), Viaje de invierno (1990), Las Historias de Ría (1993), Balada para Román Schechaj (1997), La comunidad. Cuadernos de navegación (2006), Echazón y otros poemas (2008), Pero la piedra es piedra (2009), Agüita (2010), Notas, bocetos y fotogramas (2011), Barcos y catedrales (2012), Rojo torrente de fresas (2012), Haré del silencio mi corona (2013), Al final del muelle (2016); Todo estaba diseñado para que el caballo rozase apenas la montaña con su cola (2018), Otras lenguas (2019). Ciudades obtuvo Mención y Recomendación de publicación en el Premio Bienal de Poesía “Ricardo Jaimes Freyre” en 1981 con jurado integrado por Olga Orozco, Raúl Gustavo Aguirre y Roberto Juarroz. Los Intersticiales obtuvo mención especial en el Premio Nacional de Poesía 1884-1987, con jurado integrado por Elizabeth Azcona Cranwell, María Elena Walsh, Jorge Calvetti y Santiago Kovadloff.

**Sofía de la Vega nació en San Miguel de Tucumán en 1993. Es Profesora de Letras y becaria doctoral del CONICET. Organiza el Festival Internacional de Literatura Tucumán (FILT) desde 2015.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s