diario de una peste, feminismo y artes visuales

Mediante un diario marcado por el inicio de la pandemia del COVID-19 en Argentina, María Mines* nos introduce a su análisis de la escena tucumana desde una perspectiva de género y a partir de la experiencia vivida en el marco del colectivo feminista La Lola Mora – Trabajadorxs de las Artes Visuales, Tucumán.

Pieza y registro de Cecilia Villafuerte

13 de marzo

Hoy es mi cumpleaños número 34. El sol parece rajar la tierra y hace un calor insoportable, es más, creo que es el natalicio más caluroso que viví hasta ahora, pero, pese a ello, el malestar de la gente —percibible en la calle y en el colectivo— se debe a otro asunto, uno que empezó a gestarse en el sureste de China, pero que rápidamente migró a otros países, y desató un tsunami de políticas y fenómenos sociales que arrasa con un mundo sin estructuras para contenerlo.

Siempre me gustó festejar esta fecha pero definitivamente no hay clima para hacerlo y la experiencia es más que una rareza. El malestar que mencioné viene provisto de temor e incertidumbre cuyo germen se alimenta de la mayoría de las noticias que circulan en internet y que se comparten en redes sociales; ante el registro de 34 casos de Coronavirus detectados en Ciudad de Buenos Aires, Chaco y Córdoba, circula la posibilidad de que el gobierno nacional decrete aislamiento social preventivo y obligatorio, con el objetivo de evitar que la propagación del COVID-19 alcance las escalas de contagios, muertes y pánico registrados en países como China, Italia y ahora España, donde viene arrasando. No obstante, resulta poco probable pensar que el tsunami no llegue.

Pese a ello, sobre todo porque es mi cumpleaños, me di un espacio entre mis pensamientos para reflexionar sobre mi lugar en el mundo; un lugar que, simbólicamente y no, tantas otras personas – especialmente mujeres – también construyen. En este sentido, una parte de mí, y de las que más me interesa (con más contradicciones que certezas), se vincula a las artes visuales. Al respecto saqué cuentas de que recién a los 21 años comencé a involucrarme con su complejo circuito en San Miguel de Tucumán —es decir, desde un lugar diferente al de espectadora— pasando por variadas y disímiles experiencias y espacios de formación. Se trata de un proceso de aprendizaje que continúa y va mudando de lenguaje, materias significantes, dispositivos, retóricas y poéticas cuyo sustento se nutre de recursos menos académicos como las problemáticas alrededor de los derechos autorales, las relaciones de poder, los miedos y el amor.

Desde hace varios años soy docente de fotografía, pero mi quehacer en relación a las artes circula también por otros carriles. En este sentido, no soy la única polirrúbrica; en efecto, es muy frecuente (y hasta una suerte de común denominador sintomático) que quienes construimos sentido o trabajamos alrededor de las artes visuales en este país, especialmente en el interior, también tenemos otros trabajos. Sin embargo, algunas de las relaciones que más me inquieta alimentar en estos momentos —en torno a las artes, claro— tiene que ver tanto con el deseo de analizar el entramado cultural y social en el que se gesta como de colaborar en el fortalecimiento de mi escena, a través del crecimiento de la colectiva a la que pertenezco: La Lola Mora – Trabajadorxs de las Artes, Tucumán, la cual, de momento, la integramos noventa mujeres de sexualidades diversas y de distintas generaciones. 

Ciertamente, si hay algo que me reconforta en estos tiempos es formar parte de La Lola; pese a la vorágine en que vivimos la mayoría de las personas –autoexplotándonos para llegar a fin de mes– arrancamos un proceso de transformación mucho más profundo del que sospechábamos; el origen de nuestra colectiva encuentra su germen en el contexto del 46º Salón Nacional de Artes Visuales del Museo Provincial de Bellas Artes “Timoteo Navarro” (noviembre de 2018) cuyo foco de debate no se asentó en criterios estéticos, poéticos ni de producción de las obras seleccionadas o ganadoras, sino alrededor de una mirada fundada en las reivindicaciones feministas de los últimos años en general, a partir de una acción colectiva que señaló la escasa selección y nula premiación de obras realizadas por mujeres.

Entre los antecedentes que motorizaron esta lectura se encuentran la Ola verde y el movimiento Ni una menos. Ambos casos funcionan como algunas de las respuestas que vienen dando los activismos tanto feministas como LGBTIQ+ ante los desaciertos del patriarcado; la acostumbrada exclusión de las artistas mujeres en las estructuras del mundo del arte es uno de ellos. Ciertamente, ese mismo año, el colectivo de artistas visuales feministas de Ciudad de Buenos Aires Nosotras proponemos citó en un manifiesto a la investigadora Andrea Giunta, quien señala que durante el siglo XX la representación de la obra de las mujeres en el mundo del arte nunca superó el 10% y en promedio ha sido del 5%.

Un dato no menor es que aquella anécdota sentó un precedente en el ámbito de las artes visuales en Tucumán por dos razones; una, porque marcó un punto de partida, una primera manifestación ante un emergente cambio de perspectiva en nuestra mirada domesticada históricamente por el sistema patriarcal (otro tsunami), pero que difiere en antigüedad y en efecto; sus consecuencias llevan siglos enquistadas y afectan especialmente a las mujeres, diversidades de género y toda persona que se aleja del macho blanco heteronormado. La otra razón es porque significó el origen del primer colectivo de mujeres artistas visuales organizándose en la provincia, al que rápidamente, y como síntoma de una necesidad masiva de organización en las artes, se sumaron artistas de otros lenguajes.

En este sentido, me resulta indispensable destacar que la perspectiva que nos enseñaron tanto los feminismos como los activismos LGBTIQ+ durante los últimos años en la provincia, vienen de la mano de las organizaciones que bregan por los Derechos Humanos, de los movimientos que generaron mujeres de otras disciplinas (como Mujeres por el Arte) y del periodismo que proponen  medios como La Nota, La Palta y APA, donde se ponen de manifiesto aquellos temas que vinculan a la provincia con sus característicos rasgos fachos, homofóbicos, transodiantes y, entre otros, machistas.

En esta línea, desde La Lola planteamos una clara adhesión a las diversas luchas de las organizaciones por los Derechos Humanos, especialmente la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y a la separación de la iglesia católica del Estado, abriendo un camino de debate colectivo, horizontal y colaborativo que nos conduce a observar nuestros espacios de trabajo y ámbitos de intervención, para reconfigurarlos desde una perspectiva feminista y disidente.  Así, a partir de la confección de un delantal de trabajo –que nos identifica en las calles y nos convoca como trabajadoras de las artes– La Lola Mora la formamos mujeres de la música, del teatro, de las artes visuales, del cine, de medios audiovisuales y de la danza.

Llevamos recién un año y medio de conocernos y convocarnos, compartiendo espacios políticos en los que activamos discusiones y acciones (tanto en Tucumán como en Buenos Aires) alrededor de lo que nos interpela, pero siempre, o casi siempre, amalgamando lenguajes y producciones ligadas a las arte, que suceden y se construyen con una fluidez que no deja de sorprenderme cada vez.

Registro de Antonella Cardozo Cáseres

17 de marzo

Los casos de Coronavirus aumentaron y las recomendaciones de permanecer en casa también, pero lo que también crecieron fueron los miedos y la paranoia de mucha gente, que mira desconfiada y reconoce a un posible enemigo en cada persona alrededor y que, si puede, compra barbijos, alcohol en gel y papel higiénico a mansalva. 

Desde mediados de febrero Giorgio Agamben, alrededor de la suspensión del funcionamiento “normal” de las condiciones de vida en estado de excepción, y Slavoj Žižek , señalando la necesidad de una catástrofe  para que el sistema capitalista global colisione, son algunxs de lxs filósofxs, sociólogxs y demás pensadorxs notables del mundo que arrojaron acalorados análisis y constelaciones de diversas variantes y factores, aunque tamizados, en cada caso, con las respuestas que varios estados vienen dando a la propagación del COVID-19, pero que finalmente dan cuenta sobre otras capas de sentido asociadas a las concentraciones de poder en todas sus formas. 

No obstante, una respuesta análoga en la mayoría de los países fue la suspensión de cada uno de los eventos culturales y el cierre de museos, galerías y centros culturales, cancelando muestras o mínimamente complejizando logísticas, trastocando agendas, talleres, clínicas, traslados, viajes y cada una de las acciones que intervienen en el desarrollo cultural cotidiano o, al menos, como lo entendíamos hasta ahora.

Al toque se me ocurre convocar a las lolas visuales que quieran/puedan reflexionar sobre esta inédita situación y felizmente se suman varias, incluso un par de lolas del ámbito audiovisual. Así, conformamos un pequeño grupo y, conversando por WhatsApp, notamos que efectivamente a todas se les complicó el panorama, porque les cancelaron —o postergaron hasta nuevo aviso— la agenda de los próximos meses. Lucrecia (Mumú) Lionti, por ejemplo, contó que iba a participar de una exposición colectiva a fines de abril en Corea del Sur, la cual se pospuso en el momento que estalló la problemática alrededor del Coronavirus por esos lados del mundo. Además, contó que forma parte de las programaciones de la Feria del Libro y de ArteBA, que también se postergaron indefinidamente.  

En Tucumán, tanto los museos que nuclea el Ente Cultural de la provincia como el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán permanecen cerrados y nadie sabe hasta cuándo. No obstante, las instalaciones de la última institución mencionada sostienen actualmente el montaje de una muestra colectiva llamada Relatos imprudentes; bajo la curaduría de Claudia Epstein (directora del Museo) y Marcela Alonso, la muestra convocó a artistas, organizaciones y colectivas feministas y disidentes y, entre ellas, a La Lola Mora.

Archivo La Lola Mora

Por otro lado, y en medio de una compulsiva circulación de noticias referidas al Coronavirus, varixs usuarixs de Facebook —entre lxs que me reconozco— comenzamos a compartir enérgicamente un largo listado de links para visitar online el patrimonio artístico de miles de museos del mundo cuyo sitio más destacado es Google Arts & Culture; un proyecto que integra tanto una app disponible en todas las plataformas para smartphones como un sitio web en el que pueden explorarse, a través de una tecnología llamada “Art Camera”, colecciones de1700 museos, galerías e instituciones de 80 países.

Los motores de búsqueda de esta web son amplios y existen categorías por artista, movimiento, técnica, nombre de la obra, país, museo y cercanía a la ubicación personal del/la usuarix, a través de una pestaña llamada “cerca”. En el caso de Tucumán, los museos participantes más cercanos se encuentran en Ciudad de Buenos Aires, es decir, a unos 1.230 km de la capital tucumana; la aplicación sólo cuenta con la participación de siete museos argentinos instalados, predeciblemente, en la ex llamada Capital Federal.

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19 de marzo

El gobierno nacional acaba de decretar, desde las 00 horas de mañana hasta el 31 de marzo, una medida de aislamiento social preventivo y obligatorio. No obstante, circulan las sospechas de que la cuarentena durará más de lo que acaba de indicar el presidente Alberto Fernández. Al respecto, la mesura parece tener sentido a la hora de apelar a un cambio tan paradigmático tanto en el sistema productivo del país como en la cotidianidad, la economía, el trabajo y la psiquis de la población que tiene asegurado su salario o una economía medianamente resuelta, pero, a su vez, resulta muy alarmante para los sectores más pobres que representan, según la UCA, el 40% de lxs ciudadanxs argentinxs y cuya economía se sostiene, en el mejor de los casos, día a día.

En este sentido, algunos medios indicaron que acaba de desatarse una crisis sin precedentes y que perjudicará profundamente a la ya compleja economía argentina, reculando, entre otras cosas, en el grueso de los sectores productivos con angustiantes números rojos, recesión y desempleo. La situación, entonces, se torna alarmante y empiezan a surgir dudas e incertidumbres en todos los ámbitos de intervención a los que pertenecemos cada unx. Tal es así, que también reflexiono y me pregunto; ¿qué papel cumplen las artes visuales en medio de una pandemia que pone al descubierto, y descarna, las desproporciones de poder del sistema hegemónico?, ¿en qué lugar queda la producción cultural cuando ésta no juega el mismo que los sectores considerados de supervivencia o básicos?, ¿cómo impactará esta crisis en la producción y en el consumo de artes visuales contemporáneas, cuando el sector ya venía golpeado con anterioridad?, ¿de qué manera nos organizamos las mujeres y lxs miles de trabajadorxs precarizadxs que componemos el sector en el país?, ¿qué se juega en la experiencia de consumir arte “digitalizado” y visitar los museos online?

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24 de marzo

A 44 años de la última dictadura militar en Argentina, y con un saldo de 30.000 personas detenidas, torturadas y desaparecidas, 10.000 presxs políticxs y miles de personas exiliadas, el Coronavirus tuvo un paréntesis en las noticias, en las redes sociales y en la memoria de quienes repudiamos esa horrorosa parte de la historia de nuestro país.

Pieza y registro de Cecilia Villafuerte

Este día no encontró a miles de personas en las plazas ni en las calles, como cada año, pero sí surgieron acciones convocadas por distintas organizaciones e instituciones que fueron visibilizadas por redes sociales bajo los hashtags #HayMemoria, #24MTucumán y #30MilPresentes. También, en las ventanas y frentes de miles de viviendas se colgaron los emblemáticos pañuelos blancos, que representan la lucha sostenida por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Pieza y registro de Cecilia Villafuerte

Pienso en mi entorno virtual, y los grupos de WhatsApp de La Lola Mora permanecieron activos a lo largo de estos días proponiendo acciones, reflexiones y contención para quienes la necesitamos. Para esta fecha concreta surgieron, por un lado, una copla colectiva cantada, y registrada en videos desde nuestras casas, los cuales fueron editados y montados por la realizadora audiovisual Antonella Cardozo Cáseres, y, por otro, artistas como Cecilia Villafuerte y Guadalupe Rearte hicieron bordados en tela y, finalmente, Marta Salina, Mirena Muñoz, Barbi Tarcic, Emilia Guerra y Alejandra Mizrahi ocuparon simbólicamente el espacio público, proyectando —desde sus hogares hacia las calles—

Pieza y registro de Cecilia Villafuerte

fotografías, imágenes de símbolos y frases alusivas a la memoria y a la justicia en el marco de este día.

Pienso, a su vez, en las acciones de años anteriores desde las artes e inmediatamente se me viene el recuerdo de Proyecto Huellas, estéticas contemporáneas en relación a los Derechos Humanos, producido, desde 2008, durante 13 años ininterrumpidos; música, literatura, teatro, performances, instalaciones, fotografía y danza convocaron a más de cien artistas y comunidades originarias de distintos pueblos de la provincia cada año. A su vez, coordinado y curado por la artista y psicóloga Qoqi Méndez, el Proyecto Huellas constituye un referente artístico en la provincia, vinculado a una construcción colectiva en cada Vigilia del Día de la Memoria, Verdad y Justicia. No obstante, el proyecto también amalgama, como eje transversal de producción, una reflexión y visibilización sobre el genocidio de los Pueblos Originarios durante la conquista española.

Instalación y registro de Romina Rosciano Fantino, Proyecto
Huellas 2014

Ayer, por razones obvias, no se hizo el Huellas en el formato al que estábamos acostumbradxs. Sin embargo, Méndez convocó virtualmente a que lxs artistas se manifiesten con acciones a través de la página del proyecto, vía Facebook. Así, poesías, canciones, fotografías y dibujos –en formato audiovisual– formaron parte de un Huellas adaptado digitalmente al contexto de la cuarentena.

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29 de marzo

A dos días de que se cumpla el plazo del aislamiento social obligatorio, el presidenteAlberto Fernández anunció que la medida se extenderá por dos semanas más.Al respecto, circulan varios artículos periodísticos en internet que dan prácticamente por perdida la agenda artística 2020 o por lo menos, y con mucho optimismo, hasta septiembre. Además, con la cuarentena, y todo el sector cultural parado, se han visto afectadas también las sesiones de fotografía, el periodismo cultural, la cobertura freelance de eventos y cada uno de los trabajos que nuclea el quehacer cultural. En el caso de Buenos Aires, donde el coleccionismo regula un circuito aceitado de compra-venta de obras, a través de decenas de galerías y ArteBA, también se vieron afectadas las ventas, los encargos, los trabajos de restauración y conservación de obras.

Conversando nuevamente sobre la crisis por WhatsApp con las Lolas, Alejandra Mizrahi suma una pequeña cita del texto El nervio óptico de María Gainza; “Algunas cosas sólo se aclaran cuando todo se detiene de forma inesperada, y una desaceleración de este tipo no puede evitar hacer visibles tensiones previamente ocultas” (María Gainza, 2014, El nervio óptico, Editorial Mansalva, Buenos Aires). En este sentido, Alejandra se sirve de las palabras de Gainza y establece un paralelismo con la situación que nos atraviesa hoy; “el ámbito de las artes visuales fue siempre inestable y precarizado. No contamos con un marco normativo que lo fomente ni regule, ni con un gremio e institución que respalden a sus trabajadorxs, entonces, esta pandemia ha llegado para exponerlo de un modo muy evidente”, reflexiona.

En efecto, antes de la aparición del COVID-19 en nuestro país, el sector cultural nacional ya protagonizaba una crisis, especialmente exacerbada en el último tramo de las políticas de la gestión encabezada por Mauricio Macri, a través de la reducción del Ministerio a Secretaría, la desaparición de programas y un fuerte recorte al presupuesto de cultura que ya venía anteriormente ajustado. En esta línea, entonces, un sector históricamente precarizado —como señala Alejandra—, y con un proyecto cultural institucionalmente discontinuo, se torna difícil pretender que las políticas culturales avancen, porque, incluso, sin que los paradigmas tiemblen tanto como ahora, la incertidumbre y la competencia por los pocos recursos palpables es histórica; las instituciones públicas (tales como el Fondo Nacional de las Artes) cuentan con la característica constante de ofrecer propuestas insuficientes a la hora de habilitar un desarrollo mínimamente homogéneo de proyectos que atiendan, por lo menos, a la mayoría de las propuestas de cada ámbito de incumbencias afines. 

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3 de abril

El tsunami desatado por el Coronavirus en el mundo sigue haciendo estragos y mil millones de personas están recluidas en sus casas. Al respecto, cuando repaso el hecho de que las actividades en torno a las artes visuales fueron, hasta la fecha, presenciales, me pregunto; ¿qué hacemos ahora?

Indago nuevamente por WhatsApp a Las Lolas artistas visuales sobre cómo llevan el confinamiento en sus hogares y si alguna estaba produciendo obra. Cecilia Villafuerte, quien vive con su compañero/pareja y dos hijxs pequeñxs, nos cuenta que después de una semana de acomodarse a la cotidianidad de la cuarentena pudo retomar la producción de una muestra individual en la que ya venía trabajando. No obstante, Cecilia reflexiona previamente sobre su contexto, su maternidad, el rol de las mujeres en los hogares de familias acuarentenadas, pero, sobre todo, alrededor de aquellas que viven el confinamiento con agresores y corren riesgo de golpes, maltrato psicológico y hasta de muerte. 

Registro de Mirena Muñoz

Ciertamente, entre las noticias de los diarios digitales de hoy se destaca el segundo femicidio conocido en Tucumán, con el cual las víctimas de femicidios en el país —desde que comenzó la cuarentena— ascienden a dieciséis mujeres adultas y una niña. Al respecto, y con el ánimo de alentar las denuncias y habilitar medios para hacerlo, desde un numeroso grupo de La Lola pensamos acciones para visibilizar esta situación y acompañar a las que los movimientos y organizaciones (como el Observatorio de la mujer y Ni una menos Tucumán) vienen desarrollando. 

Ser mujer y vivir en familia con hijxs pequeñxs y unx compañerx con quien compartir amablemente tanto la crianza como las tareas del hogar (como Cecilia, en este caso) puede leerse como una cuestión básica de bienestar, sin embargo, en el contexto patriarcal y machista heteronormado en el que se desarrolla nuestra sociedad, parecería tratarse de una extravagancia. “La cuarentena viene agudizando los efectos de este sistema, porque muchas mujeres están dentro de sus casas, limpiando y cocinando calladitas, atendiendo las demandas de sus esposos e hijos machistas, mientras que otras, además, están conviviendo con un estado de violencia más nefasto aún; este encierro vino a confirmar que el riesgo de las mujeres de morir asesinadas por un machista violento es mayor al de morir por Coronavirus”, afirma Villafuerte. 

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12 de abril 

Desde el gobierno nacional decidieron extender la cuarentena por dos semanas más. Al respecto, todo indica que el sector cultural seguirá parado. Pienso en mis compañeras de La Lola, en mis amigxs artistas y sobre sus modos de producción, puesto que, normalmente, los recursos (en función de los procedimientos) conducen a una incalculable posibilidad de resultados, pero el condicionamiento de la cuarentena les habrá traído más de un problema o limitación a la mayoría de ellxs y a lxs artistas en general, especialmente a aquellxs que viven en Ciudad de Buenos Aires y que, como Mumú Lionti, su economía se sujeta mayormente de la venta de obras y de los talleres que brinda.


Sigo hablando con Cecilia Villafuerte sobre su producción y me cuenta que está trabajando en torno a una muestra individual llamada Manifestación, el cuerpo como territorio en resistencia, la cual es atravesada tanto por una perspectiva feminista como por su maternidad cuya temática reposa en cómo el comportamiento social influye en sus lógicas de pensamiento, en sus relaciones y en las imágenes que finalmente produce. A su vez, se trata —como es de esperarse aún— de una exposición que viene construyéndose bajo los parámetros expositivos presenciales, especialmente porque se trata de una instalación.

Pienso en la producción de Cecilia y en aquellas que permanecerán en espera, como, por ejemplo, la muestra colectiva que continúa montada en el MUNT. En este sentido, a la crisis económica que atraviesa el sector de las artes visuales —con y sin pandemia— se suman otros problemas y son, justamente, los que se juegan en los modos de producir y en la circulación de las obras de arte en un contexto en el que los museos, galerías y centros culturales (institucionales y autogestionados) permanecerán cerrados por lo menos varios meses.  

Empiezo a buscar autorxs que me permitan atender estas inquietudes y voy hilando respuestas. Justo doy con un video de clase de un seminario que estoy haciendo online, en el que el docente e investigador en arte contemporáneo Federico Baeza señala que la exhibición es un dispositivo anclado en una premisa de visualidad (a veces acompañada de acciones / objetos que comprometen a los demás sentidos) de parte de una determinada cantidad de visitantes. A su vez, y para su funcionamiento exitoso, la premisa de agudizar los sentidos se basa tanto en la contemplación como en una serie de modales, comportamientos y ciudadanía respetuosa cuyos aprendizajes lo desarrollamos desde el momento en que comenzamos a ir al cine, al teatro, a los museos y galerías expositivas. 

Los dispositivos que conforman la exhibición son, entonces, grandes reguladores de prácticas cuyos funcionamientos disponen técnicas y tecnologías que reculan una interacción en un espacio-tiempo definido. Desde el Renacimiento hasta le fecha, los dispositivos (entre tantos otros factores) fueron variando, pero permanecieron en la exhibición presencial, como consecuencia, también, de la interacción social y la absorción de la cultura que nos rodea. 

Muchxs artistas contemporánexs del siglo XXI inscriben sus obras en indagaciones modernistas de exhibición, propias de las décadas de los años veinte y treinta, no obstante, según Boris Groys, otro autor consultado, el dispositivo más notable del arte contemporáneo (pensado como temporalidad y no sólo como estilo) es la instalación, la cual es presencial; un espacio finito donde diferentes imágenes y objetos son dispuestos y exhibidos.

Al respecto, Groys indica que “lo que distingue al arte contemporáneo del de momentos anteriores es sólo el hecho de que la originalidad de una obra de nuestro tiempo no se establece de acuerdo a su propia forma, sino a través de su inclusión en un determinado contexto, en una determinada instalación, por medio de su inscripción topológica” (Groys, B. 2008. La topología del arte contemporáneo, pág. 4, textos Lipac-Rojas, cedido por Esfera Pública). Para cristalizar esta idea, el autor se remite al texto La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, de Walter Benjamin, elaborando un paralelismo entre el contexto en que fue producido y el actual, porque, según señala, unx no sólo es capaz de producir una copia a partir de un original por una técnica de reproducción, sino que unx también puede producir un original a partir de una copia, pero a través de una instalación.

En esta línea de análisis, Groys indica que el arte de la instalación opera como un reverso de la reproducción, porque extrae una copia del presunto espacio abierto y —sin marcas de la circulación anónima— lo ubica en el contexto fijo, estable y cerrado de un ‘aquí y ahora’ topológicamente bien definido. Para el autor esto significa que todos los objetos dispuestos en una instalación son originales, pero sólo a partir de una razón topológica: hace falta ir hacia su encuentro para verlos.

Bien. Si el sistema de las artes visuales en general —y del contemporáneo en particular, a partir de su dispositivo más recurrente— se constituye desde la premisa de visualidad presencial podemos suponer que aquellas obras de artes visuales que reproducimos a través de fotografías y videos, y difundimos por internet, no igualan la experiencia para la que fueron construidas. Por supuesto que, por un lado, se trata de un recurso que aumenta notablemente el acceso a las artes visuales de otras ciudades y países e, incluso, incrementa el acceso de personas que no suelen darse la oportunidad de asistir a una muestra en su propio contexto. Además, sí existen obras que fueron diseñadas para la circulación y plataformas digitales, incluso (y quizás especialmente) desde el lenguaje fotográfico digital, desde la ilustración digital y un sinfín de programas informáticos ligados a la realidad virtual, como, por ejemplo, el de realidad aumentada.

De momento, entonces, la circulación digital online funciona como un fuerte sostén. En el caso de la feria de arte más importante del país, ArteBA (suspendida hasta septiembre/octubre en el mejor de los casos), inaugurará una versión digital esta semana, a través del sitio de arte internacional Artsy, que estará disponible hasta el 30 de abril inclusive, y cuya edición 2020 cuenta con la participación de 74 galerías: 51 argentinas; 4 de Brasil y de Chile; 2 de Perú, Francia e Italia y una de Uruguay, Venezuela, Colombia, México, Estados Unidos, España, Portugal, Alemania y Países Bajos.

Segmento de la instalación “Teoría de lo voluntario” (2019) de Rocío Valdivieso en Tøpica (registro de Juan Ignacio Moreno)

23 de abril

A dos días de concluir la segunda extensión de la cuarentena de parte del gobierno nacional, desde La Lola, finalmente tomó forma la acción que pensamos para visibilizar el crecimiento sistemático de los femicidios y la violencia machista exacerbados en el contexto de la pandemia, y largamos por redes sociales la convocatoria “Barbijo, no bozal”, convocando a las mujeres a intervenir sus barbijos y manifestarse.

Barbijo, no bozal – Archivo La Lola Mora

Previamente, ante la emergencia sanitaria que atraviesa el sistema de salud de nuestra provincia (cuando apenas el gobierno nacional había declarado el aislamiento social), desde el Gabinete de Diseño de Indumentaria y Textil de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT, y en articulación con La Lola Mora —cuyo nexo fue Alejandra Mizrahi— convocaron por redes sociales a un grupo de costurerxs voluntarixs con el fin de confeccionar cofias, batas y barbijos destinados a la emergencia sanitaria actual, para lo cual habilitaron sus respectivos instructivos y materiales. Como resultado se inscribieron más de 2000 voluntarixs y el Gabinete consiguió la donación de 3100 metros de friselina donada por personas particulares e instituciones.

Luego de varias discusiones y polémicas visibles en los medios de comunicación y redes sociales, alrededor de los tapabocas caseros, empezamos a familiarizarnos con este instrumento de uso masivo para protegernos —al menos parcialmente— del Coronavirus y, al toque de concluir el trabajo de costurerxs voluntarixs, Alejandra Mizrahi y Giuliana Santochi largan, desde La Lola, un instructivo para confeccionar tapabocas en los hogares, ya sea a máquina o a mano. Así fue también como rápidamente varias Lolas empezamos a pensar en el barbijo y/o tapabocas como nuevo campo de sentido, dando lugar a la acción ya mencionada; Barbijo, no bozal.

“El confinamiento es la prueba de que existe una pandemia anterior, que oprime y pone en riesgo la integridad y la vida de muchas mujeres. Esta convocatoria insiste en el deseo de convertir el cubre bocas en un espacio colectivo de denuncia, porque cubrimos nuestras bocas, pero sin callar las denuncias contra los agresores. De este modo, activamos un dispositivo que repudia colectivamente las consecuencias nefastas del patriarcado en los hogares”, invitamos por redes sociales, desde La Lola. Al respecto, fue notable la cantidad de mujeres de distintas provincias que se sumaron, incluso por fuera del circuito de las artes; decenas de retratos de mujeres con tapabocas (los cuales fueron intervenidos con hilos, lanas, telas y otros materiales y técnicas, además del bordado) pusieron de manifiesto frases como “no es no”, “basta”, “hartas”, “rompé el silencio” y, entre otras, “vivas y libres nos queremos”. Así, en medio de una pandemia que separa los cuerpos, estos retratos activaron en redes sociales una denuncia colectiva contra el peligro que corren muchas mujeres, sin importar sus ocupaciones o profesiones; la violencia machista no hace distinciones de ese tipo, aunque sin dudas se exacerba en los sectores sociales más vulnerables.

Autorretrato de Agustina Salvatierra

04 de mayo

A través de la fase de segmentación geográfica en Tucumán y otras provincias, el gobierno nacional dispuso la continuidad de un aislamiento flexibilizado hasta el 10 de mayo. Sin embargo, la actividad cultural será una de las últimas en reanudarse —cuando no la última— y sus trabajadorxs continúan el cese de sus labores en medio del parate. 

En esta línea, a partir de una comunicación con distintos colectivos de las artes que integran el actual Frente de Cultura, el 30 de marzo pasado emergió una organización federal, llamada Artistes Visuales Autoconvocades, que invitó a trabajadorxs de las artes visuales de las provincias a sumarse, originando una red en la que convergen diversos grupos e iniciativas ya conformadas, tales como La Lola Mora, TAV (Trabajadorxs de las Artes Visuales) y Nosotras proponemos. Al respecto, días atrás salió una nota en Revista Ramona, donde la emergente organización de artistas visuales solicitó al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y al Ministerio de Cultura de la Nación, un permiso de circulación para que lxs artistas puedan asistir a sus talleres o espacios de trabajo. A su vez, el artículo da cuenta del exacerbado (pero histórico) estado de precarización laboral en que nos encontramos lxs artistas y trabajadorxs del circuito de las artes. “Nuestro trabajo no descansa, es permanente, y entendemos que en este momento su visibilidad y función social resultan relevantes. Aun así, no es remunerado y pocas veces considerado. Entendemos que éste será un comienzo para establecer un nuevo paradigma respecto del rol del arte en la sociedad y en la educación”, señalan les ‘artistes visuales’ recientemente organizadxs, en Ramona.

Partiendo de esta última cita, además de que las artes constituyen un amplio campo de conocimiento (como todas las disciplinas artísticas), y que suscitan acciones de esparcimiento y ocio creativo en las sociedades, si quisiéramos definirlas entraríamos en una escabrosa discusión; en efecto, arrojar una definición cristalizada de qué es el arte, se trata de una tarea prácticamente irrealizable. No obstante, dependiendo del régimen de historicidad, de lxs autorxs que teoricen al respecto y de las diversas prácticas artísticas existentes a lo largo y ancho del mundo, los modelos de representación varían y se configuran a través de diversos estilos y géneros, entre ellos —y quizás el más problemático de todos— el contemporáneo.  Sin embargo, si retomamos la idea de su función social, lxs artistxs, curadorxs, críticxs, investigadorxs, docentes, gestorxs culturales, museos, galerías, espacios autogestionados de exhibición, y todos los agentes que articulan y propician diferentes mecanismos de circulación alrededor del arte, activan y ponen de manifiesto un colectivo estético compuesto de múltiples intereses, puntos de vista y posicionamientos políticos —incluso si una obra no se concibe en clave política— que, finalmente, dan cuenta de sus propios contextos. En esta línea, el Proyecto Huellas coordinado por Qoqi Méndez, la instalación de La Lola Mora (que permanece en estado de latencia en el MUNT) o la obra en proceso de Cecilia Villafuerte, y cada una de las acciones, gestiones y discursos que se ponen en funcionamiento, constituyen uno de los tantos lenguajes que funcionan como una caja de resonancia de sus propias comunidades y sociedades, proponiendo, generalmente, un trastorno; un juego diferente a las representaciones hegemónicas, habilitando y habilitando un espacio social más de producción de sentido, pero en el cual también se disputa otro sentido; el de qué es el arte. 

Obra y registro de Alejandra Mizrahi

Lamentablemente, parece necesario aún dar cuentas alrededor de la importancia que significa la inserción social de diversos y disímiles discursos artísticos, además de señalar que también se traducen en una fuerza de trabajo que, como la mayoría de los trabajos, no acusa el reconocimiento oneroso merecido.

Al respecto, la escritora y profesora de arte Remedios Zafra indica, en el ensayo sobre artes El entusiasmo, que históricamente hablar de dinero cuando unx produce arte era de “mal gusto”; “La precariedad es una de las formas más habituales que adquiere la desigualdad en el capitalismo y es importante porque caracteriza los modos predominantes de trabajo en un mundo conectado”, señala, aclarando que la precariedad en el ámbito de las artes se camufla con “altas dosis de motivación y voluntarismo”; “Cuando el sistema cultural se sostiene en la precariedad y en la competitividad, los vínculos entre iguales corren el riesgo de fracturarse”. (Remedios Zafra, 2017, El entusiasmo, Anagrama).

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15 de mayo

Días atrás, Romina Rosciano Fantino (artista visual, investigadora y compañera de La Lola) se suma como coordinadora de Tucumán —junto a otrxs trabajadorxs de las artes visuales de la provincia— a la organización Federal de Artistes Visuales Autoconvocades y, desde La Lola, nos sumamos también Andre Ludics, Marta Salina, Rocío Valdivieso y yo, cuya primera reunión online en la provincia significó un fuerte espacio de reflexión y preguntas que rápidamente recularon en propuestas de organización y acciones, para dar emergencia a un nuevo colectivo llamado TAViT (Trabajadorxs de las Artes Visuales de Tucumán).

Aquellas reflexiones alrededor de la precariedad laboral que tuvimos a principios de abril entre Las Lolas se fueron reconfigurando con carácter de emergencia en este contexto, y vienen siendo discutidas y puestas en consideración por miles de trabajadorxs, incluso a través de señalamientos y propuestas en redes sociales no sólo en el marco de nuestra provincia. En efecto, la pandemia, la cuarentena y el parate expandieron —pese a la paradógica complejización que significa emprender una articulación colectiva en este contexto— la activación y organización colectiva en distintos puntos del país, asentando una red sin precedentes a nivel nacional e, incluso, conectando con las instituciones que nuclean la actividad cultural en cada una de las jurisdicciones del Estado.

En Tucumán, desde La Lola, hicimos a fines del año pasado una puesta en común de las necesidades de cada ámbito, las cuales fueron volcadas en un pliego de demandas que fue presentado en el Ente Cultural de Tucumán. Ahora, desde TAViT, mientras apelamos a la caracterización de nuestra escena e iniciamos las primeras acciones, también observamos con atención el modo en que se organizaron, por ejemplo, lxs artistas escénicos y audiovisuales, quienes cuentan con institutos nacionales y decenas de organizaciones que nuclean aspectos vinculados a los derechos laborales y al fomento de las propuestas independientes. No obstante, las artes visuales cuentan, históricamente, con un fuerte vínculo ligado al coleccionismo, el cual suele regularse a través de fundaciones y/o colecciones privadas en manos de individuxs económicamente empoderados, quienes articulan normalmente con las galerías de arte y subastas. 

Alrededor del coleccionismo se habla de galerías escondidas con cientos de contenedores repartidos por los puertos libres del mundo, repletos de obras de arte, convertidos en el estacionamiento de elección para lxs compradorxs de “alto patrimonio neto” que buscan redondear sus inversiones con arte, es decir, lavar su dinero. Al respecto, (se supone que) otro es el circuito de las colecciones de los museos e instituciones públicas, que suelen incrementar sus patrimonios a partir de salones, certámenes y donaciones. 

Desde luego, las producciones y proyectos de las artes visuales también toman direcciones que poco tienen que ver con el coleccionismo y el mercado del arte, es más, por ejemplo, en Tucumán el mismo es ciertamente pequeño y la mayoría de los proyectos (que emergen alrededor de la venta de obras) no suelen prosperar. Algo similar sucede con los proyectos de gestión que, por múltiples factores – asociados normalmente a la ya mencionada precariedad generalizada del sector – sostienen una vida efímera. Pese a ello, y a partir de un gran esfuerzo, se destacan por darle vida y movimiento a la escena a partir de sus valiosos aportes. Tal sería el caso del grupo Lateral, que fue integrado por lxs artistas y gestorxs Gaspar Núñez, Hernán Aguirre García y Florencia Sadir.

No obstante, entre los grupos de gestión que siguen vigentes se destacan Un Club, Bombo, TØpica y Proyectil. El primero es un laboratorio intermitente de producción y pensamiento en torno a las artes visuales encabezado por la Licenciada y docente Marta Salina. El segundo es un colectivo de pintorxs integrado por lxs artistas Ana Won, Sonia Ruiz, Belén Aguirre y Mariano Eme, abocadxs también a la producción e investigación vinculada al lenguaje pictórico y que, en medio del contexto pandémico, se mantienen activos a partir de charlas y discusiones online. Por otro lado, el tercero es un proyecto conformado por la curadora y escritora Guadalupe Creche, el artista, escritor y curador Javier Soria Vázquez y, desde Buenos Aires, la artista y diseñadora Carla Grunauer. Finalmente, el cuarto es un grupo de gestión y producción en artes visuales, pero también un espacio de investigación en torno al arte, coordinado por las artistas y gestoras Rocío Valdivieso y Solana Cajal. Los cinco proyectos tienen en común la puesta en escena de exhibiciones múltiples, tanto de artistas locales como de otras regiones solo que Lateral, además, activó numerosas propuestas de formación, generalmente respaldadas por becas y subsidios del FNA, reactivando, además, espacios como la Casa Dumit y el Museo Provincial Escultor Juan Carlos Iramain.

En esta línea, la mayoría de los cursos y talleres (cortos pero muy enriquecedores) que se dan en la provincia suelen asociarse a esas mismas becas de formación y/o a las que ofrece el Ingenio Cultural del Ministerio de Desarrollo y el Ente Cultural de Tucumán, a partir de su Dirección de Artes Visuales, a través de propuestas que se dan normalmente en el Museo “Timoteo Navarro”. No obstante, y al respecto, me parece oportuno señalar que el año pasado activaron desde el Ente una enérgica y refrescante propuesta en el Museo de arte decorativo Casa Padilla, a partir de la gestión de la Licenciada Eugenia Bulacios Zamora.

Sin embargo, y desde hace tres décadas, el Taller C de la Licenciatura en Artes Visuales de la FAUNT –coordinado por lxs docentes y artistas Carlota Beltrame (integrante de La Lola), Marcos Figueroa y Geli González– es uno de los espacios que, además de formar a gran parte de lxs artistas de la provincia, propone charlas e intercambios con lxs trabajadorxs de las artes más destacadxs tanto a nivel local como nacional e internacional. Además, como todos los años, pone en agenda decenas de citas a partir de las entregas finales de sus alumnxs. 

Por otra parte, una de las incumbencias que se fueron desplegando alrededor de las artes es la rama de la investigación, cuyo principal antecedente en los últimos años es la JEIA (Jornadas Estudiantiles de Investigación en Artes), la cual es organizada por estudiantes de la Licenciatura en Artes Visuales de la FAUNT,  luego el proyecto autónomo de Linde Contemporánea, coordinado por el Licenciado Luis María Rojas y la Licenciada Romina Rosciano Fantino y PFAC (Programa de formación en arte contemporáneo), coordinado por Geli González, Cecilia Vega, Romina Rosciano Fantino y Luis María Rojas .

Por otro lado, y con mucho esfuerzo, se suman a la resistencia cultural los espacios expositivos como la recientemente inaugurada FACT (Fundación de Arte Contemporáneo), que también impulsa el estudio y la producción artística, y los centros culturales que generalmente se articulan a otras propuestas —es decir, también por fuera de las artes visuales—, tales como Tamañoficio, La Veleta Cultural, Yungas Haus y El Galpón 20.99, a través de recitales, actividades teatrales, gastronomía, venta de artículos de diseño, ciclos de cine, talleres, cursos, charlas, etc. 

Retomando el rol de los colectivos mencionados, el trabajo por hacer es tan amplio, las necesidades son tan básicas y el contexto se percibe tan derrumbado que (pese al éxodo permanente de artistas y trabajadorxs notables contamos, igualmente, con un exquisito y destacado potencial) el escenario deviene en terreno fértil para discutir nuevos interrogantes alrededor de qué queremos lxs trabajadores de este sector y hacia dónde vamos a direccionar nuestro circuito —además de, obviamente, apuntalar el deseo unánime de generar un marco digno de trabajo y un Estado presente que regule, subsidie y fomente un funcionamiento dinámico del mismo—, así, aparecen preguntas como ¿de qué manera aumentamos la disponibilidad de recursos?, ¿cómo articulamos con las instituciones culturales del Estado?, ¿queremos fomentar el coleccionismo y activar un mercado?, ¿de qué manera?, ¿para quiénes?, ¿cómo se constituye nuestra audiencia?, ¿a qué recursos de formación apelaremos?, ¿de qué manera sostendremos el ímpetu de cambio sin que la burocracia y la crisis nos gane?

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22 de mayo

La cuarentena sigue en todo el país, pero va tomando rumbos de flexibilidades diferentes de acuerdo a la propagación del COVID-19 en cada provincia. En Tucumán, las calles parecen contar con el tránsito de siempre, sólo que la mayoría de los rostros se perciben montados con barbijos o cubrebocas. 

Ya mencioné que esta provincia es un escenario machista y violento contra todo aquello que se aleja de la heteronorma. Un claro ejemplo es que recién hoy, después de un bochornoso proceso, se aprobó el proyecto de la Ley Micaela; Tucumán fue la única provincia de todo el país que permaneció meses dándole la espalda a la perspectiva de género en el proyecto institucional del Estado, capacitando, al respecto, a todxs sus trabajadorxs en cada una de sus jurisdicciones. Otro ejemplo es que, de los cuarenta y dos femicidios cometidos en el país desde que arrancó la cuarentena, dos de ellos se dieron durante las últimas veinticuatro horas en la provincia. 

Rocío Rivadeneyra (selfie)

Salgo lo mínimo. Mis pensamientos y reflexiones se expanden y trascienden los límites de mis sospechas y posibilidades de un modo inédito, pero curiosamente, pese al escenario local y global, me siento activa y prolífera. Sin embargo, soy consciente de que este sentir no es un mérito individual y personal sino que se debe fundamentalmente al sentimiento de pertenencia y horizonte que encuentro en la organización colectiva, es más, creo que, al igual que yo, ninguna de Las Lolas se imaginan este contexto sin esa “nueva” mirada y sentimiento de pertenencia que nos enseñan tanto los feminismos, los activismos LGBTIQ+ (especialmente durante la última década) como las organizaciones por los Derechos Humanos, las históricas luchas de las clases trabajadoras y el periodismo independiente. 

En esta línea, a los estragos del capitalismo, las mujeres y disidencias tenemos la carga extra de afrontar los efectos del patriarcado en todos los ámbitos de intervención, especialmente en territorios tan hostiles como el tucumano. No obstante, la existencia y permanencia de organizaciones, como La Lola Mora y recientemente TAViT (en el caso de las artes visuales), es el mejor modo que encuentro de habitar la soledad, transitar la pandemia y repudiar este sistema que, por un lado, oprime y pone en riesgo la integridad y la vida de muchas mujeres y disidencias y, por otro, mantiene precarizadxs a la mayoría de sus trabajadorxs.

Archivo La Lola Mora

29 de mayo

Han pasado más de dos meses desde que empecé a escribir este diario y el tsunami se viene abriendo paso de un modo muy irregular a lo largo y ancho del país. Como Cecilia Villafuerte, otrxs artistas planean exhibir sus obras cuando todo el circuito vuelva a la “normalidad”. Mientras tanto, y sin la certeza de que aquello sucederá, el condicionamiento de la cuarentena nos conduce, en el mejor de los casos, a reflexionar en torno a las prácticas cotidianas, a introducirnos en el intercambio con otrxs artistas, a consumir recursos digitales de aprendizaje y a repensar o al menos imaginarnos qué caminos tomará el circuito de las artes visuales después de esta pandemia. En este sentido, sería esperable suponer que a partir de esta nueva coyuntura tanto las continuidades como las rupturas que se vayan presentando impactarán, cuando menos, en nuevos modos de producir, en la construcción de inéditos discursos críticos y difusiones mediáticas y, posiblemente, en otras definiciones contemporáneas de géneros y estilos.  No obstante, los impactos más valiosos que rescato son, por una parte, el ímpetu palpable de organización con perspectiva de género, que avanza y se percibe íntegro en la conciencia y en los deseos de trabajar dignamente de aquello que sabemos hacer (para lo cual nos formamos y capacitamos permanentemente) y, por otra, el sinfín de interrogantes que se abren, interpelándonos como artistas, trabajadorxs de las artes y espectadorxs; sujetxs estéticxs y políticxs que traducimos el mundo en medio de un trabajo individual pero, paradójicamente, colectivo en su construcción.

Archivo La Lola Mora

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*María Mines es docente y artista visual a partir del lenguaje fotográfico y escribe en torno a temas vinculados a las artes visuales.

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