cámara oscura

Sobre Todo lo que no encontré es un espacio vacío, muestra de Renata Figueroa curada por Javier Soria Vázquez

Por Rocío Valdivieso*

Todo lo que no encontré es un espacio vacío es una muestra amable pero no complaciente. El conjunto de la exposición manifiesta un tiempo híper-subjetivo y una sencillez meticulosa y no-pretenciosa.

Se trata de un recorrido por instalaciones que incluyen o evocan la imagen fotográfica al borde de la desaparición. Aparece aludida, combinada. Una de las fotografías, inclinada entre el piso y la pared, sobre una mancha de pintura blanca secándose, pretende pasar por pintura abstracta. Es una textura macro que bien podría ser de musgo o de óxido, áspera al tacto, de olor húmedo; pero también podrían ser pinceladas gruesas. Entonces, la pictoricidad, la pintura material y la pintura como obra (hay una pequeña pintura colgada sobre una arista, distante, y a la que no se puede acceder, porque la mancha impide avanzar en el espacio) empujan a la fotografía, que está a punto de caerse. 

Las obras se reparten en las habitaciones de la casa y en la galería que da al patio. En la tercera habitación hay una imagen difícil de describir, la de una puerta. La geometría, el azul en diferentes tonos, la simetría, el tamaño y el montaje constituyen una imagen bella; pero el elemento más atractivo es una línea blanca fina que se extiende desde la mitad de la imagen hacia abajo, producto de la instalación de los dos papeles en los que fue dividida la fotografía. La línea es una abertura en la abertura, o la apertura hacia. A espaldas de lxs espectadorxs, ubicadxs frente a la puerta azul desplegada entre el techo y el piso, hay una caja de interior rojo y cuarta pared de vidrio, continente de otra geometría, de líneas perfectas como las que dibujan las sombras. Las líneas proyectadas en las paredes evocan las líneas de la puerta azul. La caja refiere a una cámara oscura, al principio de la fotografía y del telescopio; pero también a una reliquia y al recurso trecentista de la “casa de muñecas”. 

En el segundo espacio vacío hay una instalación. La luz es escasa, la imagen es confusa.

En la galería, se exhibe un estudio de cómo usar de forma efectiva el espacio vacío que hay debajo de la escalera. La proyección de una fotografía llena el espacio driblando las formas, y absorbiéndolas. El objeto retratado pende entre la galería y el patio, a oscuras. La presencia de este objeto, aunque eclipsada, cancela la ficción creada por la imagen, volviéndola prescindible. La fotografía, agónica, se ve interrumpida cuando alguien camina delante del proyector, poniendo en evidencia que es nada más que luz.

Parece una muestra movida por una inquietud. Por una duda punzante, como diría el curador. Una inquietud de encuentro. Si secuenciáramos las muestras de artes visuales, esa duda punzante de conclusión incierta sería el origen de todas. Luego, se diferenciarían entre ellas por los modos de mirar. Sin embargo, en esta búsqueda emprendida, la inquietud parece alejarse del hacer cosas que suele motorizar a lxs agentes del arte. La inquietud, en este caso, tiene un empeño de profundidad. Se traduce en un rumiar que se despliega en objetos, fotografías y sus combinaciones.

El nombre de la muestra la emparenta con otras curadurías de este curador. ¿Qué hay en ese tipo de poesía en forma de título de muestra? Se trata de frases casi narrativas, que expresan algo que no podía ser más sintético, y que escapa al racionalismo o a la exigencia de teoría, de filosofía que existe en el arte actual, porque vienen de, y hasta quizás reivindican, un lugar sensible; aun cuando Soria Vázquez suele ser más conceptual y/o minimalista. 

Preguntas como la del tiempo, la memoria, el desgaste, suceden con frecuencia en los procesos artísticos; y las producciones son ensayos de respuestas.

El texto de la muestra dice: Gestos que se erigen como respuestas. Son las palabras exactas.

En los vacíos que dejan las imágenes se escucha lejanamente el ir y venir sobre las baldosas, en el intento de apropiarse de alguna certidumbre.

*Rocío Valdivieso nació en Tucumán, estudió Artes Plásticas, es artista, gestora y también escribe.

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