400 dibujos de un trazo

Por Gaspar Núñez*

Hace un tiempo vengo fascinado con el primer artista contemporáneo que ha surcado el Tucumán en silencio desde hace algunas décadas hasta hoy y del que, además, tengo la suerte de ser amigo.

En esto y en otras cosas pienso mientras camino por calle Entre Ríos en dirección al Bajo para ver “400 dibujos de un trazo de Leonardo Iramain”, su última muestra.

No es difícil afirmar que Leonardo no negocia sus caprichos con nadie. Él se autoimparte un programa sencillo para la producción de estas piezas: un dibujo diario en cada página de sus pequeños cuadernos hasta completarlos. Pero aquel programa no lo es al modo de los manifiestos de las vanguardias modernas, que postulaban una verdad pretendidamente eterna, un modelo de perfección moral y de belleza ideal, más bien se propone un desafío simple: el de legislar su propio cuerpo. Y por medio de un conjunto de pautas, a la vez, generar-reordenar-habitar un espacio.

Lo caprichoso reaparece al decirnos sobre estos cuadernitos que son “la muestra más pequeña del mundo”, donde problematiza la cualidad ontológica del objeto artístico, su propia historia familiar y los mandatos de monumentalidad.

Alguien dijo: “La obra abre un mundo y al mismo tiempo lo funda”. Aquí, “mundo” quiere decir: innumerables mundos. Abre un mundo y ella misma –en su objetualidad– se presta dúctil a desplegarse, diseminarse, amplificarse.

Cuando hablamos de una nimiedad extrema o de una grandeza sobresaliente (como la novela en que Leonardo narra la escultura más grande de la tierra o su poema que durará cien años de ejecución) notamos que nos encontramos con un artista de epopeyas, al igual que lo fue su padre.

Si Juan Carlos jugaba a adjudicarnos el lugar de lilliputienses con sus Cristos, monumentos heroicos y varios otros proyectos descomunales, acá Leonardo nos obliga a habitar el cuerpo de un Gulliver o un titán mitológico.

La casa-museo Iramain ofrece sus holgadas habitaciones de altas puertas y tronos tallados en madera; Leonardo nos invita a agacharnos para ingresar a una escalera caracol que estrangula el espacio y la circulación, donde las pequeñas ventanas atiborran las paredes y un diminuto balcón nos deja recalculando.

Esta clase de problemas de escala, de extrañamiento, desproporción y contradicción subjetiva nos empujan a negociar con el medio, con aquello a lo que estábamos habituados. Nos encomienda una engorrosa tarea: reunir lo real, objetivo y particular con lo general y ficcional (o, en todo caso, proveniente de otra realidad).

Sabemos que lo particular se encuentra subsumido, sujetado a la totalidad de lo real que nos es –en principio– inaccesible cabalmente. El deseo de la mente humana de trascender la propia particularidad y elevarse sobre el nivel de la existencia material presupone el acceso a una verdad superior, para así remontar la propia finitud y mortalidad inherentes.

A todo esto, Leonardo se lo toma un poco en joda y un poco en serio. Es un artista de epopeyas, sí, pero también un parodiador, un absurdista y un provocador. Que no se afilia de lleno con un género y actúa como un errante que se mueve de forma pendular entre lo utópico-lejano y lo contingente-inmediato. Entre el idealismo del proyecto y el accidente del acontecimiento.

No casualmente elige para sus exhibiciones títulos como “400 dibujos entre cuadriculados y tachones” (2018) o “400 dibujos de un trazo de Leonardo Iramain” (2019). En estas muestras podemos identificar su interés expreso por algunas operaciones propias del conceptualismo, como giros metalingüísticos, la tautología y alusiones fenomenológicas a la formalidad y visualidad de las piezas. Pero también vemos referencias a la tradición dibujística de Tucumán, agentes a quienes el artista conoce desde el afecto y la amistad.

Esta muestra de Leonardo es, creo, un gesto insignificante y patético, pero también monumental y trascendental.

“400 dibujos de un trazo de Leonardo Iramain”se puede visitar en el Museo Provincial Escultor Juan Carlos Iramain (Entre Ríos 27) hasta el 9 de diciembre de 10 a 13 y de 17 a 22.

*Gaspar Núñez es artista visual, gestor cultural y escritor.

(Publicado originariamente el 4 de diciembre de 2019 en: medium.com/@lasgargolaszine/400-dibujos-de-un-trazo-27add7c85e93).

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