2028 caracteres (sin espacios) imprecisos

Por Javier Soria Vázquez*

x dice:

–En estos momentos no hacemos más que congregarnos para tomar un vino y hablar de arte y vida, muchos ignorando lo que en realidad nos trae.

Y mientras x dice, giro hacia un lado para encontrarme con dos líneas inertes que penden del techo.

x dice:

–El arte ha perdido solemnidad en mil novecientos dieciséis. Hoy podemos permitirnos la posibilidad de acercarnos tanto como queramos e incidir sobre la cosa como nos plazca. Si la cosa se desactiva en el momento mismo en que dejamos de mirarla, puede también ocurrir en el momento mismo en que la transgredimos. Es un sistema que posee, en un lugar casi oculto, un interruptor.

Y mientras x dice, alguien apoya un vaso plástico sobre el vacío.

Voy a tomarme un tiempo para pensar, pienso. Y en eso, leo en algún lado una frase de Tzara que enuncia:

Solo la acción poética, al imponerse como un absoluto evidente y aplicarse con el fanatismo de una sanción definitiva (…) puede reducir las antinomias entre el objeto y su sentido.

¿Es eso lo que salva todo? ¿Podemos permitirnos y obviar el error incuestionable bajo esta premisa? ¿Es necesario justificar, convencernos y contentarnos con lo que vemos para justificar, convencer y contentar al otro? ¿Nos debemos, de por vida, a la condescendencia?

Si pensamos que todo está bien porque puede ser poético y por eso justificable, ¿no estamos reduciendo lo que producimos como artistas y desdeñando el empeño que todo implica?

Pienso, en este sentido, si hacer lo que hacemos –reunirnos en un bar, hablar de cualquier cosa hasta llegar al punto, encontrarnos en la necesidad, proyectar, procesar, planificar, determinar, conseguir una llave que abra una puerta para ocupar una casa, definir espacios para las cosas, comprar globos, telas, cintas, tanza, sueros, cánulas, agujas, maderas, recortes de acrílico, silicona, luces led, pintura, hilo, cerámicos, poner el cuerpo para mover vigas, buscar cables, hacer conexiones, irse, descansar, volver, mover, subir y bajar una escalera todas las veces, evitar desconcentrar, escribir, leer, releer, corregir, imprimir, perforar, colgar, comprar vino y cervezas, y tanto más– será solo una excusa para generar un espacio de encuentro en el que hablar del arte que han hecho los otros pero no de este; o, si hablamos de este, hacerlo desde la incuestionabilidad.

Y apenas escribo esa última palabra, busco si existe, y dice google que cuestionabilidad es un término obsoleto.

*Nacido en Cafayate, Salta, Javier Soria Vázquez es artista visual y escritor.

(Nota publicada originariamente 1 de diciembre de 2019 en: https://medium.com/@lasgargolaszine/2028-caracteres-sin-espacios-imprecisos-fca49f9bdbfa).

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