2. matemática obtusa

Segundo texto sobre Mecanismos de emergencia, de Cecilia Luján y Juan Ignacio Moreno, muestra realizada en espacio Usurpa, con curaduría de Leandr Soria.

Por Gaspar Núñez

Robustas vigas de hierro doble T se sostienen por su propio peso entre las paredes en posición oblicua; al medio de éstas, un pedazo de alacena toma distancia del suelo y una cuerda cae vertical desde el techo. A pocos metros, ante un fondo negro que se despliega desde la pared, dos globos se reúnen en el centro de la habitación, cada uno sujetado con un hilo en un extremo. Pareciera que cada inflable se esforzara por alcanzar al otro. Es sugestivo y erótico, pienso; el simple contacto de dos superficies y la suave fricción que se produce al pasar uno por al lado. En la habitación contigua, una esfera luminosa se mantiene suspendida sobre el agua que se estanca en el sector de mayor pendiente. Es un Narciso, reducido a mera forma, que contempla su reflejo. Me dirijo al siguiente cuarto: dos maderas sostenidas por un tensor, cada una traslada en su longitud cantidades justas de pintura, que al caer al piso va cerrando el perímetro de su rotación. Luego, al cruzar el pasillo, de cada intersección de la reja de una ventana se anuda un piolín; en conjunto, los hilos convergen en un punto desde el que cuelga una plomada.

De la simpleza y la brutalidad en la confección de los ensamblajes emana una cuota adicional, la planificación sensata y sensible de la fragilidad. La hostilidad y el desparpajo de la casa en general y los materiales innobles, económicos o deteriorados que conforman las piezas en particular, van subordinados a un rigor específico que comparten Cecilia Luján y Juan Ignacio Moreno. Esta disciplina que tensiona elementos concretos y otros más volátiles, dosificando cantidades y volúmenes, o que evalúa los pesos y las distancias o que direcciona un objeto para que actúe de tal o cual manera ante el impacto de la luz o que contempla la velocidad de traslación de los elementos, responde a la lógica del número. Ambos proceden según el lenguaje de la geometría y arman un repertorio propio con las herramientas que ésta ofrece.

Usualmente, se opone la inmaterialidad, inmutabilidad y rotundidad del número a la fisicidad y relatividad propia de un cuerpo. Es de esa antinomia que se originan frases como “ser uno más” o “sólo somos números”. El número carece de cuerpo y todo cuerpo toma distancia del dictamen categórico del número. Sería un acto deleznable el de nombrar por un número lo que, al no serlo, carece de él. Sin embargo, en el caso de estos artistas, no es la matemática de guantes blancos la que vemos –me refiero a aquella de “pobreza cero”, que manosea cifras de una estadística para que su mal sea menor o el bien mayor– ni esa matemática de salón que se practica dentro de los límites de la hoja cuadriculada, porque, a fin de cuentas, aquella nos llega como un ejercicio metonímico, de codificación y disociación.

Cuando Luján y Moreno hablan de medida o trayectoria o duración, aquí viene a ser una negociación con la incertidumbre de lo endeble o lo que pende de un hilo. Deslucen la superficie intocable del número, le quitan el filo y la verdad, para investirlo de la misma materia postiza y arcana de la que estamos hechas todas las cosas.

Fotos: Leandr Soria y Juan Ignacio Moreno.

(Publicado originariamente el 27 de enero de 2020 en: https://medium.com/@lasgargolaszine/2-matem%C3%A1tica-obtusa-34a1e2a5b86f).

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